jueves, 23 de octubre de 2008

Una Lucha Inusual (...y más vale acostumbrarse)

"Tenías novio en Chile?". Más de una vez me han hecho esta pregunta en Buenos Aires."No", respondo rápidamente... no hay mucho que pensar tampoco."Y te han tratado bien los argentinos?", preguntan de vuelta. "No", pienso, pero sería una respuesta muy tajante y tal vez, con un dejo de resignación. "No me quejo", decido contestar.
No es que pretenda levantar un reclamo al respecto. Pero hay un hecho, una realidad, que dificilmente una persona como yo, pueda pasar por alto: la sexualidad de los argentinos.

Un amigo nuestro, gay, suele decir: "En Buenos Aires del 100% de hombres, el 50% es gay, el 25% es bisexual y el restante 25% ha pensado en ser bisexual". Claramente es una exageración, pero su comentario -en tono de broma- obedece a la propia fama que estos machos se están haciendo en el mundo. Porque si alguna vez los australianos eran conocidos por "ir a todas" o "tomar cualquier micro", desde hace algunos años son los representantes del sexo masculino bonaerenses quienes ostentan este trono, sitial muy poco auspiciante para una soltera como yo. Además, si lo comparo con el porcentaje de amigos homosexuales dentro de mi grupo, esta estadística me huele a verdad: del 100% de amigos que tengo, el 100% es gay.

En fin. Ya entregada ante la dificultad que tendría para encontrarlo "a él", seguí llevando mi vida en torno al negocio (gracias al cual, de los 20 pelos que adornan mi cabeza, 4 son canas) y a una vida social sin amigas con quien copuchar y sin amigos a quien "cuartear".

En medio de esta rutina, hace pocos días, 5 para ser más exacta, debíamos juntarnos con el diseñador de nuestra página web para discutir sobre su propuesta. El dato, nos fue entregado por un amigo, gay, que trabajó con él. Nunca lo conoció, pero solía decir que era muy profesional, muy guapo (según fotos que había visto), que tenía 21 años y que había terminado una relación con su novia de toda la vida. Como al parecer era muy bueno en lo que hacía, decidimos trabajar con él, pero teníamos la leve sospecha de que este "interesante joven de 21 años", al igual que el resto de nuestros amigos, era gay. Para nosotras, su voz lo delataba... y en serio. Tampoco el tema nos importaba y menos nos preocupaba, pero cada cierto tiempo comentábamos. Mal que mal, en estos tiempos, que un tipo tenga novia no significa que no sea gay o que no saldrá con el pastelito después.

Horas antes del encuentro y luego de revisar la información de este personaje en su perfil de Skype, mi hermana se da cuenta que tiene 31 años en vez de 21.

"31!", pensé. Rápidamente fui hasta el computador para chequear su foto, esta vez con otros ojos. "Si efectivamente tiene 31, sería una pena que fuera gay", comento.
Al mismo tiempo, el amigo que nos dio el dato, nos contacta para decirnos que también irá a la reunión porque tiene un tema de plata pendiente con este "lolito".

Sin pensarlo mucho y como siempre he escuchado que "entre gay se reconocen", le digo que por favor busque una manera de decirme si "es o no para ir preparada en caso de que sea de MI grupo". A lo que él responde "yo también iré preparado en caso de que sea de MIi grupo".

De un minuto a otro y sin siquiera proponérmelo, estaba pronta a experimentar una batalla con una persona que buscaba lo mismo que yo y donde no habría posibilidad de empate! Tampoco era algo en serio, pero si resultaba ser de SU grupo, muy en mi interior me sentiría la persona más ridícula por exponerme a este tipo de situaciones, donde las estadísticas, al parecer, no me favorecen!

Pero bueno. Había que buscar una manera de que el experto me dijera su veredicto. Una seña, algo imperceptible que le diera al ganador el puntapié inicial para comenzar su jugada. Luego de algunas ideas bastante obvias y ridículas, decidimos que si el personaje era de SU equipo, él emitiría un "Cuak!".
Ahora, si el premio (que ni se imaginaba el doble sentido de la reunión) era de MI equipo, mi contrincante, sacaría su lengua como diciendo "Me ganaste! te voy a acusar con mi mamá!".

Así, ambos, cada uno en su casa, buscó su mejor prenda y su mejor pefume. No sé qué habrá estado pensando él mientras se vestía, pero yo, no dejaba de sentirme infantil y patética.

Llegamos al lugar de la cita mi hermana, mi rival y yo. Nosotros, los contrincantes, entre risas, alabábamos los atuendos escogidos. De pronto, una voz familiar para mi y desconocida para él, hace un saludo. Era el personaje. Mi contendor se saca los lentes de sol para ver bien, yo me doy vuelta para mirar. Ahí estaba en frente nuestro. La voz dudosa de foto perfecta, listo para conversar con mi hermana los por menores de su proyecto y listo para que nosotros, estos 2 niños adultos, lo sometiéramos a una batalla de la cual nunca se enterará.

Camino al café, la conversación no se hizo esperar. "Qué bueno conocernos", "Mucho trabajo?", "Tienes más proyectos?", eran algunas de las preguntas que le hacía mi hermana. Nosotros, caminando atrás, sólo mirábamos.

Llegamos y nos sentamos en la terraza del lugar. Mi hermana con mi enemigo momentáneo, se sentaron juntos. A mi lado, el objeto de análisis. No me pregunten de qué hablamos, porque no me acuerdo.

Los minutos pasaban y no había veredicto. "Ojalá no sea", pensaba, porque luego de conocerlo su voz ya no me parecía "especial" y no había nada que me hiciera pensar en eso... pero el experto ni luces daba. Mientras esperaba la respuesta, participé de la reuión, lo miré bien mirado, sonreí e hice bromas "para ir ganando terreno".

De pronto y sin que me diera cuenta, el experto aparece sentado a mi lado y el trofeo de la tarde, frente a mi. A esa altura ya me daba lo mismo, porque no dejaba de sentirme ridícula.
Pero el minuto llegó. Y la cara del "experto" empezó a moverse para decir algo... o gesticular algo. "Cuak o lengua? Cuak o lengua?", repetía en mi cabeza. La escena parecía congelada. Tomó aire, exhaló, me miró... y su boca se abrió. "Cuak o lengua? Cuak o lengua?". Luego, como un niño que no se puede comer el postre, mi amigo, el experto y rival del minuto, sacó su lengua con expresión de malcriado. El veredicto ya estaba y era definitivo. "Es 100% de tú equipo".

Sí, sonreí... y también me puse roja! Obviamente me relajé porque el juego había terminado.

Felicidad? Para nada... me sentí más ridícula que nunca! Qué iba a hacer una mujer como yo con una información como esa? Acaso me las iba a dar de Femme Fatale y empezar a acosarlo? Cuándo me he atrevido a hacer algo así? Además, el personaje vive a 12 horas de Buenos Aires! Gran detalle que olvidé al idear esta disputa.

Eso sí y como soy perna, pero nunca tanto. Decidí que yo sería la única encargada de coordinar el armado de la página web. Lo siento hermana, pero quedaste fuera de esta misión. Al día siguiente, le envié el mail que pidió con la información faltante, donde expresamente le dije que "Todo lo referente al sitio, convérsalo conmigo. Mi hermana me lo pidió, porque ella necesita dedicarse a otras cosas relacionadas con el negocio. Te dejo mi celular".

A las 12 horas estaba recibiendo un llamado suyo para confirmar si me había llegado su mail de respuesta. Según mi hermana esa llamada no era necesaria, menos si hablas 5 minutos. Yo de verdad creo que fue con fines 100% profesionales.

Como sea. Un par de reflexiones saqué luego de esta mini travesía: Si no eres ni homosexual ni bisexual y vas a conocer a un hombre en Argentina, trata que sea de la Provincia y si lo encontraste en Capital Federal, pídele a tu amigo gay, que lo someta a un profundo análisis para cuidar tus intereses, porque hoy en día, por lo menos en Buenos Aires...nunca se sabe.

Lala

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