jueves, 23 de octubre de 2008

El Contador

Una profesora del colegio, solía decir: "Todos los contadores son unos sinvergüenzas!".

Si en los tiempos de hoy ella hubiese ido por la vida vociferando esta afirmación, estaría gastando varias horas de su día en responder demandas. Pero no fue así y para ella su teoría tenía un muy buen fundamento: su cuñado, un hombre ya fallecido y descendiente italiano, habría forjado su cuantiosa fortuna gracias a los “suculentos recortes” que hiciera durante sus años de ejercicio. Sea cierta esta historia o no, y como conozco más casos de los honrados que de los otros, sólo me limité a dar el beneficio de la duda a estas palabras...

Pero bien, con esta creencia a medias en mi cabeza, llegamos a hacer negocios a Argentina. Lindo país, linda gente, muy amigables todos, pero siempre andando con mucho cuidado… uno ve caras y no corazones dicen por ahí.

En el proceso, nos vimos en la necesidad de contratar a un contador. Muchas entrevistas, distintos rostros, distintos servicios y precios.

Así, en ésta búsqueda... llegamos donde él.

Él. Un tipo muy delgado, con una humilde oficina mal alumbrada en el sector de Congreso -cercano al centro de Buenos Aires-, con sus diplomas colgados orgullosamente sobre la pared y en una mesita, una foto con sus padres mientras recibía uno de sus títulos, enmarcada con muy poco presupuesto. Quizá una persona más snob, habría salido corriendo del lugar. Pero nosotras pensamos: “este tipo está recién empezando…”.

Luego de los correspondientes apretones de manos, juntamos las sillas a su escritorio y empezamos nuestra entrevista. Sin mediar aviso, en un acto casi temerario y directo a la vena, este tipo, abogado y contador, se lanza con todo:

"Por teléfono les dije que a uds, por el tipo de inversión, les convendría conformarse como una Sociedad de Responsabilidad Limitada, pero en realidad lo que les conviene es formar una Fundación. No se pagan impuestos sobre las utilidades, y tampoco se paga el IVA correspondiente todos los meses, ya que ante todo el mundo figurarían como una entidad sin fines de lucro, y como obviamente habría un desbalance en los libros de contabilidad, yo, previo pago de honorarios, hago lo necesario para que todo aparezca en orden".

Silencio rotundo.

A mi lado mi cuñado, un gringo con profesor de español, miraba con cara de interrogación. Mi hermana, al lado de él, guardaba silencio y la expresión de su cara decía "Es verdad lo que este tipo está diciendo?”

Y como si no me hubiese quedado claro a la primera, le pregunto: “pero si va un inspector y pide los libros, claramente se dará cuenta de que somos una entidad con fines de lucro… no puede ser entonces”...

Silencio.

El tipo me mira con una cara que con todas sus letras, decía: “qué pendeja más estúpida”. “Y bueno”, prosigue… “yo los blanqueo… además, tengo amigos que son inspectores de la Afip (equivalente al SII) y los podemos mojar con unos billetes para que mantengan el silencio. Es fácil, además si tu ves la ciudad, hay muchos centros deportivos que funcionan como fundación, pero en realidad están haciendo muchos millones”.

Silencio.

Mi cuñado miraba y no entendía. Le explicamos en inglés para evitar confusiones. El tipo se da cuenta que este hombre de ojos azules no sabe qué está pasando y saca a relucir un muy mal aprendido inglés con el que simplemente no logra comunicarse.

Silencio.

Nos miramos las caras y entre mi hermana y yo, sólo atinábamos a levantar las cejas sin saber qué decir. “Mira, lo vamos a analizar, ya que hasta ahora ningún colega tuyo nos había mencionado la posibilidad de conformarnos como una fundación”, finaliza ella.

Acto seguido, el tipo sin poder contener una risa de orgullo, dice: “Ah bueno y... me alegro mucho al escuchar que ningún colega sea tan… tan…”.

Silencio.

En mi cabeza la frase terminó con un: “tan cara de raja”. Para mi hermana seguía un: “tan sinvergüenza”. Pero el la terminó diciendo: “tan avispados”.

Sería todo, muchas gracias, hasta luego, lo vamos a pensar, te avisamos. Cerramos la puerta. Un cigarro y silencio nuevamente.

Tres conclusiones sacamos luego de esta visita. La primera es que, todavía somos más inocentes de lo que creemos. La segunda, es que las estafas no están dentro de nuestras opciones… y la tercera... probablemente mi profesora del colegio, no esté tan equivocada.


Lala

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