Hoy, cuando recién llegábamos luego de cerrar el trato para nuestra nueva casa (porque econtramos lugar para vivir!!!), mi hermana abrió la puerta del departamento y vio esparcidos por el suelo, lo que parecían ser los restos de algo muy preciado para una de nosotras.
Primero unas zapatillas de su propiedad, parecían ser la víctima. Pero el talón de una de ellas, contaba sólo con una pequeña mordedura... herida nada concordante con la cantidad de restos mortales de cuero derramados por el lugar.
Primero escuché un "OooH!", mientras cerraba la puerta. Pensé que algo "simpático" había pasado y miré rápidamente con curiosidad. Vi a mi hermana con una de sus zapatillas en la mano, pero todo se veía normal dentro de todo...
Hasta que a los pocos segundos vino un "Uuuuuuyyy!", seguido de una expresión de espanto con risa contenida en su cara. Avancé lentamente... Ellos, el victimario Kilo y la encubridora Peca, movían la cola como nunca en su vida. No sonreí como solía hacerlo ante tal demostración de afecto. Sólo quería entender de una vez, el por qué de la expresión en el rostro de la mayor de mis hermanos.
Llegué hasta la puerta de la cocina, giré mi cabeza hacia la izquierda... y en un segundo, toda la felicidad, el "desestres" por haber encontrado nueva casa, las ansias por tomar el pisco sour que nos esperaba como celebración de tan magno acontecimiento, se esfumaron para dar paso a una sensación de "a quién tengo que matar para que pague por esto!!".
En las manos de mi hermana reposaba casi sin vida, uno de los zapatos que menos usé, pero que más amé. Esos zapatos que sólo una mujer sabe cómo contemplar...
Si tan sólo hubiésemos llegado 10 minutos antes, ¡10 minutos antes!... la historia sería diferente... porque según constatamos durante la inspección del sitio del suceso, el zapatocidio habría ocurrido poco antes de nuestra aparición. Lo húmedo de los restos, así lo indicaron.
Lo que ocurrió después, se lo pueden imaginar... Secas palabras y golpes muy fuertes en el suelo con el cadáver de mis zapatos, fue lo único que escuchó Kilo durante las horas siguientes. Mi odio no alcanzó para golpearlo, reacción que tal vez lamente con el paso de los días...
El acusado sólo me mira... no se acerca. Y cuando escucha mis pasos se esconde bajo la cama. Peca... al parecer es sólo la encubridora, porque mientras Kilo recibía el merecido reto, daba la espalda a la escena, como diciendo "a mi no me pregunten..."
El pisco sour lo hice igual... la felicidad por haber encontrado casa, viene y se va... pero está.
